La nomofobia: cuando no podemos vivir sin el teléfono

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**Algunos podemos experimentar el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil

Por Zoirée Benítez

¿Qué haríamos sin nuestro celular? ¿Cuántas veces al día revisamos si tenemos algún mensaje nuevo o alguna llamada? Y es que ese pequeño invento tecnológico ha logrado que acortemos distancias, que nos mantengamos en contacto con el mundo de manera rápida y sencilla; pero precisamente por ser tan útil hemos convertido el uso del teléfono celular en una obsesión, que positivamente no es grave, pero sí nos puede alterar psicológicamente.

 

Así nace la fobia social denominada nomofobia, la cual es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono celular, el término, es una abreviatura de la expresión inglesa “no-mobile-phone phobia”, y fue acuñado durante un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido encargado al instituto demoscópico YouGov para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos móviles.

 

Recientes estudios sociales y psicológicos, estudian esta nueva fobia, debido a que para nosotros el teléfono celular ha dejado de ser solo eso, un teléfono; pues ya no nos mantiene comunicados a través de llamadas únicamente, sino que nos permite estar al tanto de correos, intercambio de imágenes, datos, audio y un sinfín de aplicaciones con usos muy prácticos para llevar las actividades del día a día.

 

¿Cómo saber si eres nomofóbico?

Hay características comunes que demarcan los síntomas clásicos de esta fobia social. Por ejemplo, ante el olvido del celular el nomofóbico regresa a su búsqueda, lo que sería natural en cualquier persona, salvo que el fóbico es capaz de desviarse de su rutina diaria y hasta faltar a compromisos importantes, infringir leyes y tener problemas con otras personas por hacerlo: es más importante, para esta persona, tener el móvil consigo que ser un ciudadano responsable.

 

El nomofóbico está siempre al tanto del teléfono. Lo mira, analiza nuevos correos, llamadas o mensajes varias veces por hora, y los estudios demuestran que pueden hacerlo hasta una vez por minuto, en una conducta que se describe como compulsiva. Si no tienen mensajes o comunicaciones, suelen recorrer en el móvil sus archivos, sus elementos en memoria, dejando de lado la realidad en la que están inmersos (por ejemplo: una reunión de trabajo, una charla, un evento deportivo o cualquiera sea) en pro de sumergirse en este artefacto.

 

La ansiedad es un factor que funciona a nivel de señal de alarma ante el comienzo de una fobia de este estilo. Si la persona olvida su móvil y está nerviosa, ansiosa, angustiada, si repite constantemente que no tiene consigo el teléfono, si está pensando y hablando sólo de eso, esta puede ser la bandera roja que indica que hay un problema en puertas.

 

Cómo vencer la nomofobia

Si te reconoces o si reconoces esta fobia en alguien cercano, aún hay esperanzas. Vencer la nomofobia es relativamente sencillo, aplicando las técnicas y terapias necesarias.

El primer paso es la terapia psicológica, pues esta fobia es clara señal de una carencia en la vida de la persona. Hay que averiguar por qué el individuo traslada su angustia en esta clase de fobia, determinar la raíz del problema, para comenzar a buscarle solución.

 

Hay, también, ejercicios sencillos que puedes hacer. Por ejemplo, apagar el teléfono por las noches, o al menos dejarlo de lado por algunos instantes. Es cuestión de práctica y de perseverancia. Comienza con cinco minutos un día, cuando te sientas cómodo pasa a diez minutos diarios sin el móvil, luego quince, y así, hasta que estar sin el móvil (en situaciones seguras, por ejemplo, cuando se está en casa) sea tan natural como tenerlo en el bolsillo.

 

Según Marina Dolgopol, directora de CEETA, “la clave es aprender a controlarse, desprenderse del móvil de forma gradual, afrontar de forma aislada las sensaciones y pensamientos negativos derivados de este padecimiento como pueden ser las crisis de pánico”.
Desde el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad se recomienda acudir a un psicólogo para atajar el problema lo antes posible si ya se ha detectado tener algunos de estos síntomas.

 

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